Alberto X

Sé que todos se preguntarán por qué aun no he hablado de Alberto, quien, sin duda, es uno de los personajes principales de esta increíble historia. El aparece mencionado en cada publicación o articulo que se ha escrito al respecto, incluso por Mariano Silva al comienzo de esta historia.

Uno de los problemas que se me han presentado para poder escribir estas líneas, es que tengo necesariamente que referirme a personas vivas (algunas demasiado vivas), muchas de ellas reacias a ver su nombre en letras de molde, especialmente en un tema como este.

No es el caso de Alberto, pues donde está no creo que le importe mucho. Además por su carácter, él es cualquier cosa menos un Tonto Grave. Yo lo conocí cuando los dos pasábamos por graves apreturas existenciales, sin embargo él nunca perdió su buen humor.

El problema es que todos tenemos familia, que es algo que nosotros no elegimos y algunos de ellos son muy apegados a la ley de gravedad. ¡Me lo dicen a mi!

Yo lo conocí por radio a mediados de 1983 y no lo vine a ver físicamente hasta dos meses después. Fue una de las primeras personas con quien tuve contacto radial y congeniamos inmediatamente, por estar ambos en situación muy similar: vivíamos alejados del mundo y absolutamente solos.

El caso de él era bastante especial.

Años atrás, su esposa, aprovechando la coyuntura política por la que nuestro país pasaba en esos momentos y sin decirle nada a él, se asiló en una embajada europea junto a sus dos pequeños hijos. Así y de repente, Alberto se vio privado de su familia.

Vendió su casa y todo lo que tenía, con lo que pudo pagar el 50% del valor de un yate y cuyo saldo pensaba enterar con las ganancias que obtendría trabajando el mismo yate. En un principio esto funcionó, ya que consiguió un trabajo relacionado con investigaciones oceanográficas. Allí fue, según me contó después, cuando tuvo su primera experiencia Ovni.

Navegaba de noche por el canal Goñi, casi a la cuadra de Isla Williams, cuando observó que desde detrás de un islote salía una luz blanca, que cada vez iluminaba mas. Eso de por si era curioso, pero lo peor era que en ese islote él había dejado, tres días atrás, una serie de instrumentos y censores que ahora debería recuperar.

No hubo mas remedio que enfilar proa hacia el islote y cuando se encontraba como a dos millas, la luz salió desde detrás del islote y se dirigió, casi a ras de agua hacia el Mytilus II, sobre el cual pasó a no mas de 5 metros de altura.

Alberto recibió quemaduras, similares a las quemaduras de sol, en su brazo izquierdo, que llevaba fuera de la cabina.

Dos marineros que se encontraban en cubierta cuando pasó el objeto, sufrieron el mismo tipo de quemaduras en su cuerpo, a pesar de que estaban vestidos con ropa gruesa.

Durante todo el incidente hubo comunicación radial con estaciones de Iquique y Santiago, una de las cuales fue la estación Lucero en 27.215 Khz. También el fenómeno fue observado por otras embarcaciones que se encontraban cerca y por el personal de un faro, en una de las islas.

Este incidente me fue relatado por Alberto, aproximadamente un año después de ocurrido y quejándose de que el instrumental dejado en el islote, nunca pudo ser recuperado, pues desapareció junto con el objeto volador.

Desgraciadamente en 1983 y debido a la crisis económica, se acabó el trabajo y por lo tanto dejó de percibir dinero.

Esto lo complicó mucho ya que no pudo seguir pagando la deuda del yate. Sus acreedores trataron de embargar la embarcación, por lo que Alberto no podía atracar en puertos conocidos para evitar la notificación judicial. Aquí recurrió a su amigo Ernesto.

Así fue como me vi viajando de caleta en caleta llevándole bidones de petróleo, porque sin combustible no se podía mover.

El Mytilus II para Alberto no solamente era un yate, sino que además su hogar y todo lo que tenía.

Yo no lo hacía mejor, mis sueños madereros se estaban viniendo abajo y sobrevivía solo con la venta de leña. Mi situación matrimonial tampoco era envidiable.

Nuestras conversaciones radiales eran, como me figuro deben ser, las reuniones de mariachis: puros lamentos y quejidos.

Lo peor era que ya nos estábamos empezando a acostumbrar a tanta desgracia, sin embargo un día Alberto me llama:

¡Compadre, se acabó el problema!
-¿Cómo?
¡Conseguí pega!
-¿Cómo?
¡Unos gringos! , Parece que son curas.
-¿Y la deuda?
Me ayudan a pagarla.
-¿Quiénes son?
Una tal Congregación  Friendship,  que se está instalando
en una isla del Archipiélago de los Chonos...........

Esa fue la primera noticia que yo tuve de la existencia de Friendship

De ahí en adelante seguí conversando casi diariamente con el Mytilus II, aunque ahora ya no solamente con Alberto, sino que también con sus empleadores.

Así fue como verdaderamente comenzó mi relación con la Congregación Friendship.

En un comienzo nos juntábamos cuando podíamos y “pelábamos” a “los gringos”. Esas ocasiones se fueron haciendo cada vez mas escasas ya que ahora el Mytilus II muchas veces quedaba fuera del alcance de la radio y cuando no, ahora yo sabía que Alberto no navegaba solo en la cabina.

Cuando nos veíamos, siempre era a bordo del Mytilus II y en presencia de los gringos, por lo que yo no lograba sacarle muchas confidencias. De todas maneras así fue como empecé a conocer los primeros detalles de lo que ocurría en la isla.

Alberto fue lentamente cambiando, comenzó a ponerse mas espiritual y responsable, aunque nunca perdió su espíritu libertario que tantos problemas le había traído a este lado de la mar. Se acostumbró a vivir de otra manera, solo y lejos de las leyes y regulaciones que ahogan a todos los “normales”. Publicar entradaTal vez fue eso lo que lo impulsó a quedarse. Ya no cabía en este mundo tan “normal”.

No fue ese mi caso.

La última vez que lo vi fue en Carrizal Bajo, en 1999 y seguía navegando y trabajando para Friendship

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