Luna de Miel

Como ya lo dije con anterioridad hace más de diez años me casé nuevamente. Esto es algo de lo que no me gusta mucho hablar, ya que pertenece a mi intimidad, solo lo hago porque algo tiene que ver con la historia que estamos narrando.

Cuando yo llegué a Friendship, era un ser humano destruido, tanto física como espiritualmente. Al fin y al cabo uno no se casa para descasarse posteriormente.

Pero allí también aprendí, que uno no puede obligar a otro ser humano a ser como uno quiere que sea; ni tampoco nadie puede obligarlo a uno.

Tenía absoluta libertad de movimiento, lo que me permitió conocer a mucha gente, que vivía o visitaba la isla. Aunque la verdad es que no a toda la gente que yo habría deseado, pues había personas interesantísimas.

Las había de todos los estratos imaginables, y no sé como se entendían tan bien. Había viejos jóvenes y niños, hombres y mujeres, solos o formando familias y todos se respetaban.

Caso especial eran los enfermos, que formaban una ínfima minoría y de cuya existencia yo no me habría percatado, si no fuera porque Rafael me pidió algunas veces que lo acompañara.

Una vez, me llamó especialmente y me dijo:

Ven, quiero que veas algo. 
Partimos, acompañados por Ariel, Raquel y Helga. Después de bajar dos niveles en el ascensor 
entramos a una habitación donde dos enfermeras velaban el sueño de una mujer. Esta era aun joven,
 de pelo negro y mantenía los ojos cerrados. Mas parecía un cadáver que un ser humano. 
¿La conoces?  

Algo me parecía familiar, pero no como para identificarla.

- No que yo recuerde, aunque...
Se llama Ethel, pero no importa, solo fíjate bien en ella
- ¿Qué tiene?
Mira -dijo Rafael, al mismo tiempo que levantaba la ropa de cama y extrayendo de su bolsillo
una aguja, la clavaba en el pie de la enferma. 
Esta no se movió. Luego repitió la operación en un hombro. 
Tampoco hubo reacción.
- ¿Está muerta?
No, cuadrapléjica y lleva un mes en coma
- ¿Y porqué?
Una arteria reventó en su cerebro, no resistió la presión 
- Con razón se ve tan mal.
Cállate, lo más probable es que te esté escuchando
 La miré nuevamente, ahora me fijé que respiraba, ese rostro era bello y yo lo había visto en alguna 
parte. 
- ¿Qué quieres que haga?
Por el momento solo fíjate, que luego ella te necesitará.-dijo Raquel, haciendo una caricia en el 
rostro de la enferma,
Eso para mi era nuevo, ¿Quién podía necesitarme a mí, un pobre huevón, viejo, enfermo de cáncer y 
sin horizontes?.Sin embargo eso a mí me ayudó mucho. ¡Podía ayudar! Entonces no estaba tan mal. 
Lo que acabo de relatar es un recuerdo que volvió a mi mente no hace mucho, pero puedo relacionarlo
 con otros, que de a poco, también han ido apareciendo, aunque no en orden cronológico. 
Ahora, de vez en cuando, evoco momentos donde me veo sentado junto a Ethel y frente a Gabriel, Miguel,
 Manuel, Helga y otros. Nos decían algo importante. No recuerdo de que se trataba. 
A todo esto, y no sé como, yo ya había identificado a Ethel. 
Cuando yo tenía alrededor de 17 años, vivíamos en Santa Ana de Chena, en los alrededores del 
Santiago de entonces. Recuerdo que mi padre me mandaba a comprar la leche al fundo El Bosque, 
que quedaba al frente.
Lo mejor de todo era que para eso, me permitían manejar el automóvil de la familia, un Oldsmobil de 
1954. 
Yo por eso me creía muy importante, y no dejaba de molestarme el hecho de que cada vez que iba, 
tenía problemas con una chiquilla flaca, de no mas de 7 años, que siempre montada en diferentes 
caballos, se me cruzaba o pretendía hacer demostraciones de destreza ecuestre. 
Se trataba de Naty, la hija menor de don Segundo, administrador del fundo El Bosque, huaso grande 
y respetado en toda la zona. 
Pasó el tiempo, murió mi padre, murió don Segundo, las tierras se achicaron y vinieron otros tiempos.
 Sin embargo ambos seguimos viviendo donde mismo. 
Nos conocíamos, sabíamos el uno del otro, pero nada más. 
De vez en cuando la veía esperando micro en la carretera para ir a la Universidad, algunas veces la llevé. 
Supe que se había casado, luego que no le había ido bien. Ya no parecía zancudo, estaba mas rellenita. 
¡Ese era el rostro moreno que Raquel acarició ese día! 
Nos volvimos juntos de Friendship, ella tomó las fotos de la llegada y pocos meses después nos 
casamos en Santiago. Fueron testigos Octavio y Cristina . 
Su nombre real es Ethel, aunque desde chica y aun ahora, la llaman Naty. Ha engordado 25 Kgs, 
ahora parece vaca. Pero una vaca amada. Somos felices. 
Es lógico que después de todo matrimonio que se precie, viene la luna de miel, ¿y qué lugar creen 
que elegimos? 
¡Friendship, por supuesto! 
Ninguno de los dos sabía como llegar, pero por lo menos yo conocía la zona. En Febrero de 1991, 
llegamos en Jeep hasta Quellón, y ahí junto con un grupo de turistas, la mayoría extranjeros, 
logramos arrendar una embarcación que nos llevara hacia el sur. 
Por supuesto que a nadie le dijimos nada sobre Friendship. 
Paramos en Melinka, y al otro día nos internamos por el canal de Moraleda. 
Yo intentaba guiar la expedición, pero la verdad era que nosotros intuíamos que no íbamos a llegar 
a Friendship, pero de todas maneras el paseo valía la pena y el resto de los turistas estaban felices. 
Eran como las 12 de un día precioso de verano, yo me entretenía mirando hacia babor y conversando
 con un canadiense. De repente, al otro lado de la cabina, por estribor, comenzó un griterío de mujeres. 
Dimos la vuelta alrededor del compartimiento de mando y miramos hacia donde todos señalaban. 
A cerca de 100 metros de nosotros había emergido del mar un gran tridente. 
La embarcación disminuyó la marcha cuando notamos que había varios más a mayor distancia y en
 ambas direcciones. 
Yo estimé que esto bien se merecía una foto, así es que bajé a buscar la cámara. En eso estaba 
cuando el griterío se triplicó. Miré por el ojo de buey que daba a estribor y me quedé helado. 
Un objeto semiesférico y que cambiaba de colores, flotaba en el aire sobre uno de los tridentes, 
luego, con una aceleración impresionante se dirigió hacia nosotros, para detenerse sobre el tridente 
que teníamos más cerca. 
Corrí escaleras arriba para sacar la foto. 
Levanté la cámara. 
El objeto aceleró nuevamente se perdió hacia el norte. Solo en ese momento se me ocurrió disparar. 
Inmediatamente aceleramos el motor y viramos hacia el tridente, pero como 50 metros antes de que
 llegáramos, ya se había hundido otra vez en el mar. 
Tiempo después mandé desarrollar las fotos de la luna de miel y apareció esta. 
La guardamos como “la foto del tridente” y no fue hasta comienzos de este año, que un amigo 
revisándola notó que sobre el horizonte y hacia la derecha aparecía una mancha. 
Por suerte aun conservaba el negativo, así es que la mandé a ampliar, y allí efectivamente está, 
como ustedes pueden ver, el OVNI. 
¿Qué sería? 
¿Qué nos querrían decir?

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