Flash back

Bueno, allí comenzó todo, o mejor dicho allí comencé a olvidar todo. Es curioso, pero desde allí en adelante mi memoria comienza a fallar, no de repente, como en una amnesia, sino que de a poco. Recuerdo que después de un largo baño, pasé a otra habitación donde estuve como 15 minutos. La temperatura comenzó a subir, lo que me hizo transpirar, luego entró alguien con algo así como una manguera de bomberos, que expelía un polvo blanco con olor a remedio, con el que me roció. Lógicamente que el polvo blanco se me adhirió al cuerpo con la transpiración

Mis respuestas, para mi, eran lógicas, ...no había nada del otro mundo.

La isla es como todas las islas, ¿Qué me hicieron? No lo recuerdo. Comen lo que todos comemos y viven bajo tierra con bastante comodidad.

Allí comenzaba a narrar la historia del almuerzo.

Yo avanzaba portando una bandeja de plástico en un casino como todos los casinos. Al otro lado del mesón se veían diferentes viandas, entre las cuales yo escogí tres hermosos choros zapato, un guiso de carne y legumbres, y un postre de gelatina.

También contaba la historia de la habitación.

Vivía en una pequeña pieza de aproximadamente 3 por 3 metros, con una cama, una mesita con un terminal de computador y una ventana al exterior. La temperatura era constante y de aproximadamente 20º C , lo que para mi era un lujo, después de los fríos que estaba acostumbrado a sufrir en Chiloe. Tenía absoluta libertad de movimiento dentro de las instalaciones, las que eran cómodas y funcionales.

Así fui descubriendo detalles que poco a poco me fueron maravillando. Casi todo se gobernaba por computación, lo que no era muy común en esos días de 1989, había una piscina temperada, tres grandes invernaderos, salones con televisión satelital y otras comodidades que yo jamás me hubiera imaginado. Uno se encontraba con mucha gente en los pasillos, todo el mundo sonreía y nadie hablaba fuerte. No recuerdo haber visto una clínica u hospital.

Esa era la historia, pero a nadie satisfacía.

Ya de vuelta en Santiago, mis amigos más cercanos comenzaron a insinuarme que yo estaba ocultando información y allí comenzó la leyenda negra sobre mi asociación con Friendship.

Siempre se pensó que yo sería algo así como un agente encubierto y que sabría como llegar y como comunicarme con la isla.

Respecto a mi enfermedad, esta se acabó. ¿Cómo? No lo sabía, pero si sabía que me sentía bien, y que ahora nuevamente tenía ganas de vivir. Claro que ahora veía todas las cosas desde otro punto de vista.

Todo parecía distinto, la gente se me antojaba más amable, apreciaba que tenía más tiempo para hacer las cosas y sentía a Dios.

Yo nunca había sido religioso, sin embargo ahora tenía conciencia de Su presencia. No se trataba del dios de los católicos, o de los protestantes, o de los judíos, simplemente era DIOS, un concepto nuevo y más cercano de nuestro creador.

Me acostumbré a sentir la presencia divina diariamente, aunque no con ese malsano fanatismo religioso que empaña muchas buenas obras. Comprendí que hay que escuchar, entender y perdonar, y además algo muy importante: que la ciencia no es enemiga de Dios, sino una de sus creaciones.

Pero ¿De dónde salía todo eso? Yo no recordaba haber ido a clases, o haber recibido algún otro tipo de adoctrinamiento.

Como ustedes comprenderán, esta forma de ver el mundo hizo cambiar diametralmente mi forma de vida. Abandoné esa absurda idea de perseguir riquezas que nunca podía gozar, ya que estaba muy ocupado protegiéndolas o tratando de aumentarlas. Comprendí el valor de la amistad y del humor. Encontré el amor.

Si señores, encontré el amor a los 50 años y me casé con una mujer quien es actualmente mi esposa y lo seguirá siendo por el resto de la eternidad. NUNCA, nunca es tarde.

Además de que periodistas y seudo ufólogos me tenían ñato con preguntas absurdas, a cualquier hora del día o de la noche, de que mis vecinos me miraban raro, de que mis antiguas amistades y parientes, además de no aportarme nada, me hacían la cruz, me di cuenta que vivir en una gran urbe como Santiago era absurdo.

Buscando el sol, nos mudamos a un olvidado pueblo del norte de Chile, donde el tiempo es largo, la gente es buena y el alcalde es honesto.

Aquí debiera terminar esta increíble y alegre historia de Friendship, la que jamás pensé en hacer pública. Sin embargo...

Dicen que a medida de que van pasando los años y uno se va poniendo viejo, ciertos rasgos de nuestra personalidad se van acentuando. Bien, yo siempre fui curioso, e invariablemente quería saber el cómo y el por qué de las cosas. De chico me comía las empanadas con tenedor y cuchillo para ver que tenían dentro.....

Habían pasado casi 10 años de mi estadía en la isla, cuando un día, sin ninguna causa aparente y mientras manejaba el Jeep cruzando el desierto, me ocurrió algo que no sé si catalogar de visión o flash de memoria.

Me vi en Friendship conversando con Ariel. No duró más de 2 o 3 segundos y no se trató de nada trascendental.

El año 2000, estos flash back comenzaron a repetirse cada vez con mayor frecuencia y empezaron a mostrarme una realidad pasada de la cual yo no tenía memoria. Poco a poco comencé a entrever que había algo más, y me ocurrió algo paradójico: Yo ya no me creía mi propio cuento.

Influían ciertos razonamientos lógicos:

¿Cómo era posible que una persona que se acaba de salvar de la muerte, no recuerde cuanto tiempo permaneció en el lugar donde lo salvaron?

Siempre respondía, y con absoluta convicción, “cuatro o cinco días”.

Hace poco un bien intencionado vecino, que según él, “me está estudiando”, enojado porque yo no le daba más datos, me dijo: ¡Hasta cuando repetís lo mismo!

Allí me di cuenta de una cosa: yo siempre repetía “cuatro o cinco días”. Nunca decía: “como cinco días” o “menos de una semana”, o “poco tiempo”.....

¿Por qué, si yo estuve “cuatro o cinco días” (o talvez mucho más), recordaba solamente una sola comida? ......y con todo lujo de detalles. Recuerdo perfectamente que dos choros zapato eran amarillos y uno negro, sin embargo no puedo recordar otra pasada mía por ese casino.

Con la habitación es lo mismo. Recuerdo con absoluta claridad, cuan agradable era quedarse dormido en esa cómoda cama.......pero una sola noche.

Para escribir estas páginas, y para que no se hagan tan latosas, he recurrido a una vieja victrola Stromberg Carlson, que mi esposa tiene en su pieza de costura. Años atrás ella determinó que esa era una antigüedad y procedió a botarle todos sus interiores, para quedarse con el fino mueble de caoba. Poco gané con protestar por ese sacrilegio y ahora ese hueco, de casi un metro cúbico sirve para guardar fotografías. Allí hurgo cada vez que noto que el contenido de uno de estos artículos está muy pesado.

Voy de sorpresa en sorpresa, pues me encuentro a cada rato con fotografías que no recordaba haber tomado, pero que lógicamente, al verlas, me retrotraen a esos momentos vividos.

Entre ellas están las que se tomaron el día de mi regreso, en Puerto Montt. No hay ninguna importante, pero en varias de ellas he notado algo bastante decidor: a la vera de los caminos, en el campo, pueden verse unos arbustos con flores amarillas. Se trata del calafate y el calafate solo florece en primavera.

Si yo me fui en pleno invierno y volví cuando estaba floreciendo el calafate, no puedo haber estado allá “cuatro o cinco días”.

Otra que me llamó la atención es la que incluyo. En ella aparezco en la proa de un bote en el momento de desembarcar. Ahora, al mirarla puedo recordar la sensación que sentía en esos momentos. El mundo me pertenecía, me sentía liviano, estaba feliz.

Pero ¿Por qué, si no me acordaba del pasado inmediato?

Compárenla con la que aparece en el articulo Cancer . Ambas fueron tomadas con no más de tres meses de diferencia.

¿Creerían ustedes que se trata del mismo huevón?

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