Cáncer

Mi estabilidad económica tambaleaba. El proyecto de explotación maderero no funcionaba y todo mi capital estaba metido allí.

Mi vida privada era un desastre ya que debido en gran parte a lo anterior, mi mujer se había ido con los niños. Estaba solo.

La tos ya casi no me dejaba hablar, mi salud era una calamidad, pero seguía fumando casi 50 cigarrillos diarios.

Lo que Friendship me ofrecía, me interesaba pero no veía como me podrían sacar de ese hoyo. Además me pedían que dejara de fumar, ¡Justamente ahora!

Que dejara de beber.¡Justamente ahora!

Mucho tiempo después me vine a dar cuenta que el problema era justamente eso: querer seguir allí.

Es decir, me aferraba con todas mis fuerzas a algo ilusorio: mi realidad.

Jamás se me ocurrió cuestionarme si valía la pena.

Muchos de los que están leyendo esto, no se extrañen, pues algunos de Uds. están pasando por similar situación ahora, y no se dan cuenta.

Cuando uno está en esas condiciones, es decir en circunstancias extremas, tiende a razonar en forma errónea y a creer que la salvación está en insistir en el mismo error.

Por lo tanto a Friendship le dedicaba cada vez menos tiempo. Dejé de hacer los ejercicios, a pesar de que a ellos les decía que si los hacía. El contacto se hacía cada vez más esporádico y más tenue. En otras palabras: les huía, puesto que cada vez que hablaba con ellos, me llamaban a recapacitar y cambiar, cosa que yo no quería.

Lo que deseaba hacer era recuperar lo perdido. Con solo oraciones CORFO no me iba a prestar la plata que necesitaba. Debía de terminar el proyecto.

Pasaron como siete meses y a pesar de que trabajaba y trabajaba, cada día estaba más pobre, más solo y más enfermo.

Si en algo me servía lo que había aprendido con Friendship era para burlar a la realidad. Mi cuerpo ya no tenía energía para seguir, sin embargo yo, usando técnicas paranormales lo seguía exigiendo. Pero todo tiene su límite y llegó el momento en que mi organismo no aguantó más.

Fue un día de invierno en Santiago. Había amanecido con algo de fiebre y una tos espantosa, sin embargo me levanté temprano para ir al banco a gestionar un crédito.

No podía caminar mas de media cuadra sin descansar y en uno de esas pausas, en la calle Huérfanos, me vino un acceso de tos. Tosí y tosí hasta perder el conocimiento. Tenía 49 años.

Después de varios días en cama vinieron los exámenes y las radiografías. Hacía 20 años que no consultaba a un médico. Todos me miraban fijamente y repetían: “tiene que consultar un especialista”. Como queriendo lavarse las manos.

Finalmente consulté al especialista bronco pulmonar. Era un hombre bastante mas joven que yo, pero por deformación profesional se notaba que hacía todo lo posible por parecerse a Dios. ¡Incluso trabajaba en la Universidad Católica!

Después de observar detenidamente varias radiografías de mis pulmones me preguntó, qué previsión tenía. Al contestarle que ninguna, parece que montó en cólera.

¡Siempre es lo mismo! – Cuando están en las últimas vienen a acordarse de que deberían de haber entrado a una Isapre, y ¿Cómo lo va a hacer ahora?

- No sé....
- Pero si tuvo toda una vida para preocuparse...
- Pero doctor, ¿Qué tengo?
- ¡Cáncer hombre! ¿No se ha dado cuenta? . 
  Mire... -   me dijo, señalándome la radiografía.

Prefiero no seguir relatando esa entrevista, pero Uds. se figurarán como siguió. Yo, como si me hubieran dado un palo en la cabeza y él hablándome de los costos que significaba tener cáncer.

Al salir no lo podía creer. Yo con cáncer... no podía ser... ¡Eso le pasa a otras personas... ¡No a mí!

Allí comenzó un proceso que nunca había ocurrido en mi: no atiné a hacer nada.

El medico me había dado una larga lista de remedios; no los compré.

Me había mandado a hablar con diferentes cirujanos, tampoco lo hice.

Estuve dos o tres días solo en mi casa. Tampoco quería comunicárselo a la gente. Simplemente no quería creerlo.

De repente recordé que con mi ex esposa conocimos a un médico con el cual habíamos terminado haciéndonos amigos. Su nombre era Gregorio y fui a verlo.

Miró cuidadosamente las radiografías y dijo:

Es grave.

¿Qué se puede hacer?

Sacar ese pulmón.

¡Pero si con los dos que tengo apenas puedo respirar! ¿Qué podría hacer con uno solo?

Mmm, todo tiene arreglo.....-noté que dijo, sin ninguna convicción.

Cuando me fui, me di cuenta que ese buen hombre lo sentía y le dolía. Había nacido para ser médico.

Volví a casa. No sabía que hacer.

Fuera de mi trabajo, lo único que aun me interesaba era la radio y esa noche, por esas cosas que uno cree que son casualidades, decidí que la pasaría en vela, conversando con algún desconocido.

Cerca de las tres de la mañana y en la frecuencia 27.725 Khz escuché la portadora de Friendship. Esta señal era simplemente un zumbido, pero un zumbido muy especial que los que estábamos en contacto con ellos podíamos identificar.

Después de los saludos de rigor, tuvimos una corta conversación. Me di cuenta que sabían lo que me estaba pasando. Me explicaron que hacía dos días que estaban tratando de comunicarse conmigo vía telepatía, pero que yo no escuchaba. Fuera de eso no hubo ni una sola recriminación. Solo me dijeron:

Ven, tal vez aún halla tiempo

Luego me explicaron como hacerlo

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